martes, 21 de junio de 2016

¿Por qué cierran los bares notables?

 
Un artículo dedicado a pensar por qué es que hemos perdido tantos bares notables y que pueden hacer el público y los empresarios para que estás perdidas no vuelvan a ocurrir. Porque a veces no basta con compartir en Facebook para "hacer algo".
 
 

Foto: Paula Moya

¿Por qué cierran los bares notables?
por Bruno Ivan Correia (bicorr@gmail.com)


Un café notable es solo tan bueno como el servicio que brinda. El error que muchos dueños de cafés históricos han cometido es el creer que solo con un nombre y años de tradición detrás era más que suficiente para mantener al público.
Pero como la historia lo demostró pagaron caro ese error. Durante años escuchamos del cierre de más bares notables que se convertían en casas de deportes o en Starbucks. Miles de personas publicaron en sus muros de Facebook notas de dolor y rechazo a estos cierres pero irónicamente la gran mayoría de esas personas nunca pisaron un bar notable en sus vidas.
Muchos defienden los cafés notables solo porque está de moda hacerlo pero es necesario entender porque estos locales, que sobrevivieron durante décadas, repentinamente comenzaron a caer uno tras otro. Simplemente quejarse por quejarse no va a cambiar las cosas.
El primer culpable es el público. Un local comercial es solo viable cuando tiene un ingreso de dinero superior a sus gastos, eso es la economía más básica y se aplica a todos los rubros de la vida. Muchos defensores de estos espacios sostienen que solo por su historia el local debe ser mantenido con fondos del Estado.
Pero eso no es razonable en una ciudad como Buenos Aires donde es difícil no encontrar una esquina donde no haya un café. Claramente la demanda por estos espacios no es baja lo que demuestra que es el público el que elige no ir a los cafés notables.
Esas personas que defienden a capa y espada estos cafés por Facebook muchas veces no se toman la molestia de visitar estos locales. Es necesario que se entienda que si se quiere apoyar un establecimiento comercial es insuficiente hacerlo compartiendo publicaciones en Facebook, eso no alcanza. Hay que salir de casa, ir al lugar y pedir un café. De lo contrario están fallando en el punto más importante, todo lo demás es estéril y solo sirve para que las personas se sientan bien consigo mismas “por haber hecho algo”.
Pero estoy comenzando mi análisis por la parte menos “culpable” de esta debacle. El público va a prestar su apoyo solo hasta cierto punto, no podemos culpar a la gente por no ir a un lugar que no es atractivo.
Poniendo la lupa en los locales empezamos a ver que la mayoría de los cafés notables se habían detenido en el tiempo, brindaban malos servicios y palidecían frente a sus competidores más modernos que, lógicamente, atraían al público más joven.
Los empresarios son quienes más confían en la tradición para mantener su local, pero no entienden que la tradición no puede equipararse con “seguir dando el mismo servicio que en 1900”.
¿Cómo culpar a una pareja de adolescentes que prefiere entrar a un Starbucks a ir a un café decrépito, mal atendido y que no tiene variedad en sus productos?
La noción de que “bar notable” significa “quedado en el tiempo” ha sido una excusa de los empresarios para evitar arreglar sus locales, mejorar el servicio de sus mozos o adecuarse a los nuevos tiempos que corren.
El café notable no es solo una colección de mesas derruidas y mozos con mala actitud, la historia está en otro lado y modernización no significa convertirse en un Starbucks.
Por suerte no me faltan los ejemplos de bares que vieron lo mismo que estoy indicando en este artículo. Bares como el Victoria (Yrigoyen y Entre Ríos), el London City o el 36 Billares, por nombrar a algunos, han invertido dinero en mejorar sus espacios, han puesto enchufes para las computadoras, tienen mozos que brindan un buen servicio, tienen cartas completas y en algunos casos brindan precios más que atractivos.
Nadie se atrevería a decir que un lugar como London City no es un bar notable o que ha perdido su halo de notoriedad por introducir estos cambios, por el contrario, se han vuelto atractivos no solo para el público histórico sino para las nuevas generaciones. Un local que se apoya enteramente en sus clientes tradicionales va a ir perdiendo su clientela paulatinamente a medida que esta vaya falleciendo, si uno no se abre a atraer a las nuevas generaciones entonces está condenado.
Cambiar no significa traicionar al pasado, se puede asumir una modernización sin que eso signifique arrasar todo lo construido, como se solía hacer hace no mucho tiempo. Pero cambiar es un elemento fundamental de evolucionar y aquellos empresarios que no entiendan esto están condenados a cerrar a medida que se vayan volviendo menos atractivos para el público. No nos olvidemos que muchos de estos locales, en su época, fueron de avanzada trayendo lo más nuevo en moda y tecnología, está en el espíritu de estos lugares brindar lo más nuevo y lo mejor.
Es importante que el público sepa ver esto y que comience a premiar a aquellos locales que asumieron el riesgo y se tomaron el tiempo de encarar cambios que respetan el pasado. Es necesario que la gente, que se dice amante del Buenos Aires tradicional, se tome la molestia de salir de sus casas y visite cada vez que pueda uno de estos locales. La responsabilidad siempre es compartida y así como no basta un nombre histórico para mantener a flote un café notable, tampoco alcanza con compartir un mensaje en Facebook para ayudar a su superviviencia.

¿Qué más excusa necesitamos para irnos a tomar un cafecito?
Listado de los cafés notables en 54bares.com.ar

2 comentarios:

  1. No coincido, no se trata de reducir el debate a responsabilizar a los clientes sino que el estado asume una responsabilidad al patrimonializar un espacio que luego no abastece, hablo de exenciones de impuestos y de exigencias también, por ejemplo a mantener la identidad del bar, pongamos por caso, Los Galgos, un buen ejemplo de como preservar la identidad de un bar sin perder la noción del negocio. London, 36 billares, etc están muy adecuados y bellos, pero han perdido el toque especial de la porteñidad que antes tenian. Es un equilibrio dificil de obtener pero de algo estoy segura, no se trata de los clientes, sino de los propietarios y el estado. Saludos.

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    1. ¿Leíste la nota? Porque no lo parece... nunca dije que el cliente tiene la culpa, dije que el cliente tiene parte de la culpa pero la más pequeña. Es el empresario el mayor responsable y creo que el Estado tiene que intervenir poco en este tema. Coincido en que algún control sobre el destino del negocio y sus características puede ser deseable pero para nada coincido con exenciones impositivas. Estos locales pueden facturar mucha plata y en una ciudad donde todo el mundo toma café no se encuentran realizando una actividad que quedó abandonada y debe ser mantenida artificialmente.
      Y no creo para nada que la London y otros cafés modernizados hayan perdido su espíritu, no se han convertido en Starbucks, uno puede quedarse todo el tiempo que quiera, juntarse con amigos a charlar, reuniones de trabajo, etc etc. Ahora, si el espíritu de un bar notable es ser un lugar oscuro, con mobiliario derruido y mala atención de los mozos entonces apruebo completamente su desaparición porque es eso, ante todo, lo que está matando a estos lugares.

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